Querido Titi,
Tu mamá me ha pedido que te escriba algo para tu consumo que te entregará el día de tu graduación de high school. Yo me gradué de high school en Puerto Rico en la Antilles Military Academy en Trujillo Alto, en el 1965; fue una liberación. Por los próximos dos años no me afeité ni me recorté el pelo.
¿Sabes qué? Te conozco desde muy chiquito.
Supongo que la idea es que el abuelo debería compartir contigo algo de su sabiduría. Lo que te puedo contar de eso es que la sabiduría no se tiene, se adquiere; se adquiere viviendo. Vivir no es extremadamente difícil; se hace sin mucho esfuerzo. Si al final de esa vida tienes algo de sabiduría, es porque has acumulado experiencias, unas buenas, otras no tan buenas, que van conformando tu percepción de la vida.
Esa experiencia, si reflexionas y asumes responsabilidad de lo bueno y malo que has hecho, y sus consecuencias, te ayudará a formar tu propia sabiduría.
Como no tengo sabiduría propia, te cuento cosas que he aprendido en el camino.
Hace muchos años me dijo un amigo hindú, hablando de sus creencias religiosas, algo como: “La vida es como un río. Tienes que confiar en que el río te quiere llevar a un buen lugar. En ese viaje vas a poder disfrutar de vistas extraordinarias y momentos emocionantes. El río tiene piedras en el camino; debes tener cuidado y evitarlas, si puedes; si no puedes, te darás un golpe. Tendrás que recuperarte o quedarte con el trauma, pero el río seguirá adelante contigo. Si te pasas todo el tiempo acechando las piedras para evitarlas, te perderás las vistas y momentos más hermosos. Si solo te concentras en las vistas y momentos, vas a coger muchos golpes.” Filosofía de colmado, pero sirve para vivir.
Cuando me doy un tacazo o algo sale mal, siempre pienso: ¿Qué es lo peor que puede pasar? Mientras no sea caer preso o morirme, todo lo demás tiene arreglo.
He comprobado que el tiempo es la cura infalible. Cuando tenía quince o dieciséis años, si había una fiesta y no me dejaban ir, era el fin del mundo. Mi papá me decía: “Las uvas a su tiempo se maduran”; a mí me daban ganas de llorar de la rabia cuando lo oía. Cuando comencé a vivir solo, en la universidad, tenía 16 años y fui a todas las fiestas. Se notó en mi índice académico. Esa fiebre me duró los dos primeros semestres de la Uni. Todos los lunes iba de Santo Domingo para Santiago, donde estudiaba, en bola con un compañero, Pedro Thomas. Uno de esos lunes, Pedro me preguntó: ¿De qué tú piensas vivir cuando salgamos de la universidad? “De esto”, le respondí. Pedro me ripostó: “Si piensas vivir de tu profesión, ¿no crees que deberías aprender algo de ella ahora? Lo pensé a partir de ese momento y nunca lo he olvidado. Todavía sigo aprendiendo.
No soy gregario; de hecho, la mayoría de la humanidad me cae mal, y algunos bípedos implumes en particular, peor. Esa fue la conclusión de una amiga psiquiatra, Fior Solís, que me evaluó por allá por los 80. Me resulta muy difícil convivir con la estupidez y la ignorancia. No con la ignorancia o la estupidez de los que no tienen opción de ser mejor, porque sus medios económicos o sociales no les dan acceso a la educación y la cultura. Me caen mal los tontos que son tontos e ignorantes y además lo ejercen con orgullo de serlo. Con aquellos a los que la fortuna no les dio una familia que pudiera pagarles estudios y fomentar su curiosidad, me siento solidario. No trato de enseñarles nada de mis conocimientos, trato de hacerles preguntas que los obliguen a pensar y a darse cuenta de que en la reflexión está el motor de arranque de la curiosidad, que lleva a la búsqueda de respuestas.
Mi amiga Zaidy Zouain decía: “Ma’ p’alante vive gente”. En la vida y el amor es un hecho incontrovertible. Te van a engañar, desilusionar o dejar colgado alguna gente. En mi caso, la mayoría son gente buena a la que no entendí, que no me entendieron, o cuya agenda no empataba con la mía. De todas maneras, me dejaron colgado o yo los dejé colgado. Muy mal, pero, ma’ pa’lante vive gente.
De ahí, a la laptop en la que te escribo, ha pasado mucho. Y más va a pasar: hoy le doy a Claude de Anthropic un Acuerdo de Interconexión de la planta eléctrica de un cliente con un Utility pidiendo su evaluación y luego de discutirla con la inteligencia artificial, esta concluye: “Your version is better than mine. I would only tighten the closing line so both items are demanded, not just one.” El futuro es increíble, márchale con todo tu entusiasmo y curiosidad.
Finalmente, quiero hablarte de la ética de las decisiones. A principios de los 80 estaba suscrito a la revista Harvard Business Review. Leí un artículo que nunca ha olvidado sobre la ética de las decisiones. Era largo y denso, pero proponía una prueba: Pregúntate antes de someter una decisión: ¿Si tuviera que explicar esta decisión a mis hijos, mis padres, mi esposa, me sentiría bien o abochornado? He usado esta evaluación con frecuencia en mi vida, y creo poder explicar la mayoría de mis acciones a mis seres queridos sin tener que avergonzarme.
En fin, forma tu sabiduría viviendo, pero, sobre todo, vive sin temor.
Te quiero mucho, tu abuelo.
27 de abril 2026.
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